Hay viajeros que llegan a una gran capital para ver sus museos y avenidas, y terminan hablando durante años de lo que vieron a una hora de distancia. Palacios de cuento, ciudades medievales, pirámides milenarias o templos entre montañas: algunas excursiones de un día rivalizan con el destino principal, y a veces lo superan.
Estas cinco escapadas demuestran que, para conocer bien una ciudad, a veces hay que salir de ella.
1. Sintra, desde Lisboa (Portugal)

A unos 40 minutos de la capital, esta localidad de colinas cubiertas de bosque reúne palacios que parecen sacados de una ilustración. El Palacio da Pena sorprende con sus colores vivos sobre la cima, y la Quinta da Regaleira esconde jardines con grutas y pozos en espiral.
Muchos itinerarios completan el día con el Cabo da Roca y la localidad costera de Cascais.
2. Toledo, desde Madrid (España)

Se llega en unos 30 minutos en tren desde la estación de Atocha, y alcanza para entender por qué se la llama «la ciudad de las tres culturas».
Su casco histórico, Patrimonio de la Humanidad, reúne la catedral, el Alcázar, la sinagoga de Santa María la Blanca y la mezquita del Cristo de la Luz. Callejear sin mapa por sus calles empinadas forma parte de la experiencia.
3. Versalles, desde París (Francia)

A unos 45 minutos del centro, el palacio que encarna el esplendor de la monarquía francesa se completa con jardines enormes y el Trianón, un retiro más íntimo alejado de la corte.
Recorrerlo a primera hora, antes de que lleguen los grupos, permite apreciar mejor la escala del lugar y de sus fuentes.
4. Teotihuacán, desde Ciudad de México (México)

Considerada la mejor excursión de un día desde la capital mexicana, esta antigua «Ciudad de los Dioses» fue uno de los asentamientos prehispánicos más importantes de Mesoamérica.
Sus pirámides del Sol y de la Luna y la Calzada de los Muertos se recorren mejor temprano, y quienes buscan algo distinto pueden volar en globo al amanecer sobre el sitio arqueológico.
5. Kamakura, desde Tokio (Japón)

A cerca de una hora en tren, esta antigua capital de los samuráis conserva templos entre colinas verdes y una enorme estatua de bronce del Gran Buda al aire libre.
Se recorre a pie o en un pequeño tren costero, y combina historia con senderos y playas, algo difícil de encontrar dentro de la propia metrópolis.


